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Agricultura de Jardines, de Gregorio de los Ríos

Gregorio de los Ríos, nombrado capellán de la Casa de Campo por Felipe II, fue el autor del primer tratado de jardinería escrito en castellano y uno de los más importantes de Europa: “Agricultura de jardines, que trata de la manera que se ha[n] de criar, gouernar y conseruar las plantas (1592)”. Realizo dos versiones de su obra, la primera que se publica en 1592, se dedica a contar las plantas que deben poblar un jardín y sus cuidados, en la segunda versión, de 1620, en la que se añade un capitulo dedicado a los arboles, forma de multiplicarlos, especialmente a los injertos.

El jardín en el siglo XVI no es lo mismo que en la actualidad, se trataba de un lugar de recreo en el que se cultivaban diferentes plantas de flor y plantas olorosas, repartidas entre las fuentes y cuadros, con setos recortados de mirto y otras plantas. En esa epoca existían muchas obras sobre plantas medicinales y de interés agrícola, pero hasta finales del siglo XVI no se había escrito ningún libro sobre plantas ornamentales, agradables a la vista.

 Este es el libro de referencia y el libro se estructura en 4 partes:

  • Excelencias de la jardinería, recomendaciones al dueño del jardín y jardineros, requerimientos del jardín y siembras;
  • La segunda parte se dedica a la descripción de las plantas,
  • La tercera, al cuidado de los naranjos, la parras y los ruiseñores;
  • La cuarta, se dedica a los árboles, descripción, multiplicación y cultivo.

Plantas que destacan por sus olores y por sus colores, importantisimas en los jardines, y pocas se citan por su utilización para degustar. Nombra plantas para usar con algún aliño en ensalada, como la berdolaga romana o la roqueta; para guisos el zeradolium, y de otras, como los pomates, tomate, parece que se cultivaba como planta ornamental en el jardín y que se utilizaba para salsas. De la coloquintida nos cuenta su sabor amargo y de los frutales dice que la cantidad de fruta dependerá mucho de la cantidad de riego.

En aquella época la fauna era fundamental en el jardín, tanto, que dedica un capitulo al cuidado del ruiseñor: “Por ser el ruyseñor tan de jardines y frescuras, y sus canto tan suave, me ha parecido advertir lo que para saberle criar sea necesario”.

La portada corresponde a la edición de 1991, realizada gracias a la iniciativa conjunta del Real Jardín Botánico y del área de medio ambiente del ayuntamiento de Madrid, en ella encontramos, ademas de toda la parte comentada, la transcripción completa de la obra original.